domingo, 16 de diciembre de 2012





Desde las tierras del Bajo Aragón, en una mañana de otoño, salimos sobre la hora del alba en un autobús un grupo de personas de Andorra de Teruel para dirigirnos hasta Soria. El paisaje, que al principio del viaje aparentaba ser casi un desierto, poco a poco, conforme nos acercábamos hacia el Moncayo fue mostrándose con mayor vegetación alborea, aunque sin dejar de mostrarnos también amplios parajes arcillosos con cultivo de viña y cereal y algún que otro pueblo muy distantes unos de otros. Las tierras castellanas se nos presentaron también resecas, pero tras adentrarnos en la cuenca del Duero todo el entorno presentaba tonos y matices más acordes con las zonas húmedas de más al norte del país.